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Mercedes Martínez: “Construir una buena reputación lleva tiempo y esfuerzo, destruirla lleva 5 minutos cuando mucho”.

Escrito por Ana Cecilia Alduenda Peña

Mercedes Martínez, intérprete y traductora mexicana, miembro fundador y tesorera del CMIC por algún tiempo, así como miembro de AIIC durante 20 años, y quien hasta fechas recientes fungía como Jefa de Intérpretes de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual  (OMPI) con sede en Ginebra, concedió una entrevista vía correo electrónico en la que relata cómo llegó hasta ahí.

En palabras de Mercedes, su arribo al mundo de la traducción/interpretación fue de chiripa: “Leí un artículo sobre la profesión en un ejemplar de Selecciones que me pareció muy interesante; posteriormente, terceros me pusieron en contacto con Guido Gómez q.e.p.d., quien muy amablemente me invitó a su casa y, en frío y sin más preámbulos, me dio las versiones en inglés, francés y español de la Carta de las Naciones Unidas y me pidió que hiciera traducción a la vista.  No sé si estuvo mal o muy mal, pero al final me dijo que por supuesto tenía que mejorar los idiomas pero que tenía madera para la profesión”.

“Pasaron algunos años, no recuerdo cuántos, hasta que llegué al Instituto de Intérpretes y Traductores (no era Superior en aquella época) y cursé los tres años hasta obtener el diploma de Técnico Traductor Intérprete.  ¡Formación formal terminada!”. Señala que “la formación es muy importante, pero igualmente lo es lo que yo llamaría la pre-formación, es decir una muy robusta base lingüística, cultura general realmente sólida y curiosidad desarrollada por todo lo que pasa en el mundo”.

Mercedes resalta que es imperioso “prestar atención al trabajo, preparar bien los eventos, no creer que porque ya hicimos eso varias veces nos lo sabemos mejor que los oradores, aun si algunas veces podría ser cierto y nunca pensar que eso es pan comido.  Un profesor que muchos de nosotros tuvimos, Alfredo Mora q.e.p.d., una vez me dijo que el día que comenzara una sesión de interpretación sin sentirme un poco estresada, sería el primer día del fin de una carrera bien llevada. Si se van a añadir idiomas, no hacerlo hasta estar seguro de realmente dominarlos en su forma pasiva y/o activa porque no hay nada peor que una mala interpretación debida a una preparación/comprensión insuficiente del texto.  Construir una buena reputación lleva tiempo y esfuerzo, destruirla lleva 5 minutos cuando mucho”.

Asimismo, explica que llegó a la OMPI a través de la traducción: “Estando en Ginebra a la búsqueda de un trabajo, chamba o lo que fuera, salió a concurso un puesto de traductor en la Sección Española que obtuve tras varias pruebas.  Trabajé como traductora unos 10 años, durante los cuales mi único contacto con la interpretación eran las reuniones esporádicas del personal durante las que interpretaba pro bono y trataba de mantenerme con eso, no por el sueldo ya que en el sistema, si tienes un sueldo, cualquier trabajo extra no se paga extra, pero interpretaba para no perder práctica.  Por razones fortuitas, se presentó la oportunidad de cambiar de sector y de crear el servicio de interpretación de la OMPI.  Hasta ese momento se trabajaba con intérpretes independientes incluido el Jefe de Intérpretes, y la coordinadora administrativa no era intérprete. De ahí fui apuntalando el servicio de interpretación, luego de unos años me nombraron Jefa de Intérpretes, y hasta hoy, el puesto sigue siendo el único que tiene una verdadera intérprete a la cabeza.  En prácticamente todas las organizaciones del sistema los jefes siempre son intérpretes, pero en realidad no hay nada que obligue a eso, salvo la lógica”.

En cuanto a la interpretación en el contexto europeo, afirma que en realidad existen dos mundos: el sistema de organismos internacionales y el mercado privado: “El privado tiene tarifas más elevadas, pero no conoce eso de horarios definidos, ni sesiones limitadas ni «ya es hora de terminar, hasta aquí llega la interpretación», creo que se parece mucho al mundo de México; el tabulador de sueldos tal vez sea algo diferente”.

Mercedes explica que “el sistema de los organismos internacionales está regido por las normas de la AIIC en su Convención o acuerdo contractual con los organismos internacionales de Naciones Unidas que se pueden consultar en el sitio www.AIIC.net.  La ONU y compañía son el conjunto de las burocracias del mundo que la componen (en la OMPI hay 189 países miembros y sus correspondientes burocracias).  Imaginarlo puede ponerles la piel de gallina, pero al mismo tiempo es muy interesante pues es un punto de encuentro de muchas culturas, se puede aprender mucho y se debe sobre todo aprender a tolerar las diferentes idiosincrasias y estilos, si bien eso es lo que lo hace interesante y cansado”.

En cuanto a condiciones de trabajo, ahonda en que “cada organización tiene sus reglas correspondientes; en la ONU los intérpretes onusianos trabajan siete sesiones (cada una de un máximo de 3 horas) por semana, esto es, tres día y medio, en la OMPI la Jefa trabaja 10 sesiones. No obstante, siguiendo las reglas AIIC, los intérpretes trabajan un máximo de ocho sesiones por semana en el caso de contratos de 5 días (visto así, cobran 5 días, ¡trabajan 4!).  Los sueldos están fijados en el acuerdo AIIC-ONU y no están sujetos a cambio, salvo en la renegociación del acuerdo.  Los jefes de intérpretes de casi todas las organizaciones tienen grados P5 o superior, lo cual les concede estatus diplomático en Ginebra. Las cabinas son fijas, es decir, están incorporadas a las salas de conferencias de las diferentes organizaciones, y deben cumplir con las normas ISO que define AIIC, y si no es así, los intérpretes se encargan de las negociaciones para que así sea, ya que es un servicio necesario —política y lingüísticamente— que no puede ignorarse y de hecho en muchos casos es la parte más cara de una reunión.

El retiro/jubilación de un funcionario internacional (Jefe de Intérpretes e intérpretes de planta si los hay) está definido por las reglas de la organización, que pueden variar ligeramente entre sí, pero en general están establecidas en el manual administrativo de cada organización.  Si se desea consultar más información acerca de aspectos de contratación, empleo y retiro o jubilación, Mercedes recomienda visitar las páginas web de las organizaciones, ya que prácticamente todas ellas están en los seis idiomas oficiales de la ONU.

Como se mencionó al inicio de esta entrevista, Mercedes fue Jefa de Intérpretes de la OMPI y ahora es una feliz jubilada que sigue trabajando como intérprete independiente algunos días al año, pero bajo las órdenes de su sucesora. “El trabajo ha evolucionado estos últimos años, pero sigue siendo en buena parte administrativo; esto es, por una parte presupuestos, búsqueda de los intérpretes adecuados por su disponibilidad y combinación lingüística, contratos, confirmación de servicios, etc.,  y, por otra, interpretación-coordinación para elaborar los programas de las sesiones, colocar a los intérpretes en las sesiones correspondientes, asegurarse de tener cubiertos todos los idiomas necesarios en todas las combinaciones, no asignar más sesiones que las debidas, atender las peticiones específicas de tiempo libre que puede tener cada intérprete, así como asegurarse de que los organizadores de la reunión terminen a tiempo, que soliciten sesiones extra con suficiente anticipación, y que los grupos regionales estén debidamente atendidos respecto a sus necesidades de interpretación.  Pequeña aclaración: en la OMPI existe el GRULAC – Grupo de Países de América Latina y el Caribe que requiere interpretación inglés-español, el Grupo Africano, que requiere inglés- francés, el Grupo B (Unión Europea, EE.UU., Canadá, Japón, Nueva Zelandia, Australia) que puede solicitar inglés-francés, el Grupo Asiático donde solo se emplea el inglés, Países Árabes —todo en árabe o inglés, etc.   A esto lo denomino hacer un Sudoku, pues todos los recuadros deben quedar llenos, sin repetirse ni confundirse.  No es una tarea fácil y en muchas organizaciones se tienen programas informáticos para hacerlo, en la OMPI aún no y es la Jefa de Intérpretes quien lo debe hacer”.

Ya para concluir, Mercedes aconseja a los jóvenes intérpretes no desmoralizarse, ya que es una profesión que requiere tiempo para madurar, no robar fuentes, ser honestos con nosotros mismos y con los compañeros, no dar puñaladas traperas y, por encima de todo, disfrutar lo que hacemos: “Aunque se cansen durante una jornada, espero que regresen a casa contentos por la labor realizada”. (more…)

2017-06-16T21:07:11+00:00 January 28th, 2017|Posts|1 Comment

Gabriela Durazo

“Cada día acumulo experiencia que me permite trabajar mejor al día siguiente.”

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Escrito por Ana Cecilia Alduenda Peña

El 4 de abril de 2014 entrevisté a Gabriela Durazo intérprete con 25 años de trayectoria quien estudió sociología, trabajó por muchos años en cuestiones relacionadas con demografía, población y planificación familiar y realizó un posgrado en desarrollo urbano en París.

Relata que, alrededor de 1985, su mamá, quien ya llevaba algunos años como intérprete particularmente en el campo médico, le sugirió que trabajara con ella porque hablaba inglés y francés.

“Yo estaba muy metida en mi carrera y, aunque parezca mentira, no sabía bien qué era un intérprete y no me atraía, pero cuando vivía en Ciudad Juárez la Organización Panamericana de la Salud (OPS) que tenía su sede en El Paso, Texas, me empezó a mandar traducciones asociadas con salud pública y veterinaria. Comencé a hacer traducción escrita, me gustó mucho y, un día, la OPS requería interpretación para un evento, y no había intérpretes en Ciudad Juárez”

Fue así que Gabriela inició su andar como intérprete:

“Para ese primer evento, mi mamá me dio algunos consejos, conocía bien los temas porque eran los mismos que traducía (…) Todo era muy rudimentario: la propia secretaria instalaba el equipo, en la cabina no había audio, sino que interpretábamos de lo que oíamos en la bocina. El evento salió bien y me gustó mucho”

Gabriela siguió interpretando durante otros eventos para este organismo y fue recomendada para interpretar para maquiladoras en Ciudad Juárez. Más tarde regresó a la Ciudad de México para incorporarse de lleno a Omnilingua, la agencia fundada en 1990 por su madre, Mariluz Durazo, quien le enseñó sobre la práctica.

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A pregunta expresa sobre qué profesión disfruta más: socióloga o intérprete, sin chistar Gabriela responde que la segunda, ya que

“de inmediato ves los resultados de tu trabajo. Con la interpretación me di cuenta de que me encantaban los idiomas, aprender cosas nuevas, el reto de a qué me voy enfrentar ahora, nunca puedes dormirte en tus laureles: siempre tienes que estar en estado de alerta y reaccionar. Vivo agradecida con mi mamá porque insistió y me convenció de ser intérprete”

Entre sus primeras experiencias como intérprete estuvo cubrir hechos históricos como la Guerra del Golfo Pérsico, la firma del TLCAN, la disolución de la URSS –entre otros – para la extinta cadena de noticias Eco que requería intérpretes 24 horas al día, por lo que tenían turnos de 6 horas en cabina. Televisa tenía permiso de transmitir la señal de la cadena CNN que acababa de crearse, así que si había algún acontecimiento importante, tomaba la señal de la cadena de noticias y los intérpretes entraban al aire para interpretar en vivo el contenido al español.

En cuanto a si los intérpretes nacen o se hacen, Gabriela señala que

“naces con cierta facultad y gusto de hacerlo y te haces intérprete capacitándote y practicando”

Recalca que

“en esta profesión, la práctica es muy importante. En los eventos de mi mamá, me grababan las conferencias y en todos los viajes por avión o carretera, yo iba con mi Walkman interpretando. Hasta que no me salía la conferencia completa, sin faltarme ninguna palabra, pasaba a la siguiente”

Gabriela comparte la emoción que experimenta al interpretar a personalidades que han contribuido con grandes avances científicos como el ganador del Premio Nobel de Medicina Luc Montagnier, descubridor del virus del SIDA, o Craig Venture, director de Celera Genomics, la compañía que más contribuyó en la secuenciación del genoma humano.

Sobre el mercado actual de la interpretación en México, señala que ha aumentado mucho la demanda y en algunos sectores ya se tiene una idea más clara de lo que implica nuestro trabajo, pero aún prevalece el desconocimiento por lo que es necesario seguir difundiendo nuestra profesión y educando a clientes e intermediarios.

La interpretación le ha dejado muchas satisfacciones y aprendizajes, ser muy disciplinada, así como nunca dejar de estudiar:

“Esta profesión te hace sentir vivo, nunca te aburres. Me emociona en la mañana despertarme y decir ¡Wow, hoy voy a interpretar!”

Gabriela Durazo, apasionada intérprete comprometida primero consigo misma que, literalmente, lleva la interpretación en las venas.

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©Copyright Ana Cecilia Alduenda Peña. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción parcial y total sin autorización expresa por escrito.

2017-06-16T21:07:12+00:00 May 9th, 2014|Posts|5 Comments

Lucila Christen: “La certificación me permitió pasar de lo artesanal a lo profesional.”

Lucila Christen

Escrito por Ana Cecilia Alduenda Peña

El 28 de febrero de 2014 entrevisté a Lucila Christen, intérprete y traductora con 40 años de experiencia que logró la primera certificación ISO en traducción e interpretación de Latinoamérica por parte de una entidad certificadora internacional. Maestra normalista de primaria y secundaria en inglés, estudió interpretación y traducción en Berlitz y fue profesora durante 15 años de interpretación y traducción, así como Presidenta del Colegio Mexicano de Intérpretes de 1998 a 2000.

Lucila explica que la ISO 9001 es una norma internacional que se aplica a los sistemas de gestión de calidad (SGC) y que se centra en todos los elementos de administración de calidad con los que una empresa debe contar para tener un sistema efectivo que le permita administrar y mejorar la calidad. Generalmente las normas ISO son para productos y es ahí, en palabras de Lucila, donde residió uno de los desafíos, ya que debió comprobar la calidad en la prestación de servicios de traducción e interpretación.

“Debes comprobar cómo controlas la producción, cómo aseguras las competencias del personal que presta los servicios, debes comprobar el seguimiento del producto, ofrecer indicadores tangibles para medir la continuidad del producto, objetivos de calidad, política de calidad, lineamientos de capacitación del personal”señaló Lucila.

Le tomó dos años certificarse y cuenta que todo surgió a  partir de la idea de Luz Amelia McClellan, ex presidenta del CMIC, para distinguir los servicios profesionales de interpretación de aquellos improvisados. Se pensó que si el CMIC se certificaba como una entidad con ISO, podía hacer una diferencia y ser una entidad calificadora.

Lucila recibió orientación acerca de los procedimientos y requisitos para certificarse y se dio cuenta de que su agencia cumplía con lo necesario ya que desde hacía tiempo utilizaba en sus procesos determinados indicadores, un seguimiento de la calidad, ciertas normas para la calidad, sistemas de capacitación y de control y una evaluación de los servicios prestados elaborada por los  clientes. Solo le faltaban los requerimientos obligatorios de la ISO como tener medidas preventivas y correctivas, seguimiento para producto no conforme, etc.

Al acudir como intérprete a diversos seminarios sobre ISO, Lucila empezó a aplicar parte de lo que aprendía en ellos y, gracias a que mantenía sus registros, esto facilitó mucho su certificación. Por supuesto, los mejoró, estandarizó y formalizó por escrito.

Lucila sostiene que

“esto constituye un proceso de mejora continua que me ha permitido pasar de lo artesanal a lo profesional, ésa es la idea que tenemos en el Colegio Mexicano de Intérpretes de Conferencias: constituirnos como un grupo de auténticos profesionales, creíbles.”

Lucila se certificó hace cuatro años y volvió a certificarse el año pasado; cabe señalar que los primeros 3 años las auditorías internas y externas se realizaban cada 6 meses. La Certificación ISO la ha llevado a una mayor productividad, a delegar con más facilidad porque hay controles que fácilmente se pueden supervisar, a perfeccionarse, a ser más profesional, a tener un proceso de mejora continua que establezca una diferencia y se nota, no solo con ella misma, sino con todo el personal que labora con ella.

“Las condiciones de trabajo son uno de los elementos más importantes al determinar la ISO: que la cabina esté bien colocada, que tenga iluminación, ventilación, visión del orador, ergonomía. Esto parece que no incide en la calidad de la interpretación, pero sí influye mucho”, enfatiza Lucila.

Lucila quiere demostrar que sí se puede crear otro nivel de interpretación para todos. Señala que la tendencia en todo el mundo es hacia la certificación, “no sé si con ISO pero con algún sistema de certificación,  incluso  la AIIC está buscando certificarse en ISO. Uno de los grandes retos de la interpretación en México es la profesionalización, no existe un registro nacional de intérpretes”.

Lucila concluye que “todavía tenemos un largo camino que recorrer para formar un grupo colegiado que regule la profesión y eso solo se logra dejando los egos a un lado y dando lo mejor. Es imperativo en esta época buscar niveles más altos de trabajo, con mejores condiciones, mejores salarios, con más capacitación y actualización, auto-superación por convencimiento propio, se necesita un alto nivel de especialización, pero sobre todo necesitamos humildad, necesitamos formar todos un mismo equipo para empujarnos hacia arriba (elevar el nivel de la interpretación en México)”.

Lucila Christen, una mujer claramente comprometida con su profesión que tuvo la visión de certificarse en ISO y ahora, día tras día, conserva la voluntad y el tesón de mantenerlo.

©Copyright Ana Cecilia Alduenda Peña. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción parcial y total sin autorización previa.

2017-06-16T21:07:13+00:00 April 9th, 2014|Posts|1 Comment

Lilia Rubio: “Los intérpretes presenciamos la historia”

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Escrito por Ana Cecilia Alduenda Peña

El 15 de agosto de 2013 entrevisté a Lilia Rubio, intérprete y traductora egresada del ISIT, miembro del Colegio Mexicano de Intérpretes de Conferencias casi desde su fundación, quien nació en Jalisco y es “producto de la emigración mexicana a los EE UU”, ya que cuando tenía dos años su familia se mudó a Utah para abrir un restaurante.

A los 19 años,  Lilia — dada su inconformidad con la Guerra de Vietnam por sus ideas pacifistas — decidió volver a México donde estudió en la Escuela de Arte Dramático de Bellas Artes e hizo teatro político durante 8 años, “sin ganar un centavo, pues vivíamos de la economía colectiva”. Relata que, un buen día, un amigo belga le contó que iba a reunirse con una colega de la Escuela de Intérpretes de Bélgica que daba clases en el ISIT: “Yo hasta ese momento no sabía que la interpretación se estudiaba. De hecho, yo había sido una suerte de intérprete de papá y mamá desde niña, así como también de la iglesia mormona que organizaba conferencias internacionales en Salt Lake City”.

En aquel entonces, Lilia presentó sus exámenes de admisión y a la semana siguiente ya estaba en clases. En 1979, cuando estaba a punto de terminar su carrera, un organismo consultivo de Naciones Unidas —el Consejo Mundial de la Paz— la invitó a trabajar en Finlandia, donde vivió cerca de cuatro años y medio.

Afirma que, sin duda, su estancia en Europa fue su etapa más formativa: “Esto constituyó una experiencia maravillosa, porque me permitió conocer unos 15 o 20 países. El mundo estaba en plena Guerra Fría (…) estuve en Líbano donde se podía ver todavía el humo de los bombardeos, trabajé en negociaciones entre palestinos e israelíes, estuve en la mesa de discusión entre las dos Coreas, así como una larga estancia en Hanoi”.

A su regreso a México, Lilia desconocía el mercado mexicano. Puesto que la crisis económica de los ochenta también afectó la interpretación, decidió integrarse al equipo de redactores de la Enciclopedia Británica.

Dos meses después, su Jefe de Redacción, Sergio Sarmiento, la recomendó para trabajar en el Wall Street Journal como periodista e intérprete, lo cual le permitió recorrer el país durante unos 8 años.

Alrededor de 1990, Lilia entró de lleno al mundo de la interpretación freelance, gracias a lo cual ha colaborado en múltiples proyectos: desde la cadena de noticias Eco para la Guerra del Golfo Pérsico, hasta intérprete de presidentes y empresarios como Roberto González Barrera, fundador de Gruma y Banorte: “Me apasionan la política y la economía, porque me parece que nuestras vidas están determinadas por esos dos temas”.

Lilia Rubio Interpretando

Sostiene que con su trabajo como intérprete presencia la historia, a veces en primera fila, incluso “sin siquiera haber tenido que comprar boleto, aunque en realidad, sí lo hemos comprado, por medio de nuestra seriedad, disciplina y entrega en lo que hacemos, que siempre considero como un gran privilegio, especialmente cuando eres testigo de los destinos de pueblos enteros que se están discutiendo para llegar a acuerdos o desacuerdos. Para mí, ser una pequeña parte de eso, es profundamente conmovedor”.

Asimismo, Lilia señala que si bien el conocimiento de las culturas y los idiomas de trabajo es lo primordial, el intérprete también debe tener una ética a prueba de fuego hacia los clientes, las agencias contratantes y los colegas. En relación con la preparación, comenta que actualmente con la existencia de Internet, no hay excusa alguna para que el profesional  haga su tarea a fin de no llegar a los eventos e improvisar. También celebra la existencia de la competencia, porque está consciente de que ésa es la única manera de superarse en este ambiente de tantos retos, donde siempre se aprende algo nuevo y lo único permanente es el cambio.

Por otra parte, para la entrevistada también son fundamentales cualidades como la lealtad, flexibilidad, sensatez, adaptabilidad, paciencia y versatilidad, pues a fin de cuentas, todo eso combinado con una gran sonrisa, buena condición física y cuidado de las cuerdas vocales, bien podría ser el cocktail perfecto para un placentero brindis lingüístico. ¡Salud!

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©Copyright Ana Cecilia Alduenda Peña. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción parcial y total sin autorización previa.

2017-06-16T21:07:13+00:00 January 21st, 2014|Posts|0 Comments

Roberto Donadi: “La interpretación y la traducción se complementan”

Escrito por Ana Cecilia Alduenda Peña

El 4 de julio de 2013, tocó el turno de entrevistar a Roberto Donadi, intérprete y traductor sénior del FMI. Roberto nació en Argentina donde comenzó a estudiar Química y luego continuó con Sociología en la Universidad de Buenos Aires que fue clausurada por la dictadura militar en 1972.
A los 20 años y con sus ahorros como ayudante de cocina de un barco japonés, emprendió una travesía que lo llevaría a recorrer Latinoamérica y a desempeñar variados trabajos: “En Costa Rica hice teatro (…), en Honduras trabajé de hippie fabricando bolsas, chanclas y aretes”.

Roberto relata que en Honduras conoció a una boliviana que era maestra de inglés en la Ciudad de México. Intercambiaron teléfonos y fue así que en 1974, tras cinco años de viaje, Roberto llegó a la Ciudad de México en donde impartió clases de inglés y decidió estudiar la carrera de traducción e interpretación.

“Primero pensé en estudiar traducción porque me encantaba la literatura, mecanografiaba rápido, manejaba los dos idiomas, pero también podías elegir traducción e interpretación. Yo no sabía lo que era la interpretación en esa época (…) me explicaron en qué consistía y dije: ‘Esto es imposible’”.

Roberto decidió intentarlo y recuerda que en las primeras clases les “ponían cintas imposiblemente rápidas de noticieros de Naciones Unidas. Ahorita no sé si podría interpretarlas”. A la vez descubrió que tenía grandes dotes para la interpretación consecutiva y fue así que se “encariñó con la interpretación”.

A finales de la década de los setenta, la Ciudad de México era una sede muy popular para albergar conferencias y existía una gran demanda y poca oferta de interpretación inglés-español. Roberto, junto con Ana Luisa González e Ignacio Barrientos, fundaron su propia agencia, en la cual trabajó durante 15 años hasta que vio en el periódico un anuncio de una vacante para trabajar como traductor durante dos años en el FMI con sede en Washington.

Roberto presentó su CV, hizo el examen correspondiente y, al cabo de unos días, le notificaron que había sido preseleccionado, viajó a Washington para ser entrevistado y, finalmente, resultó seleccionado. Resalta que, si bien en el FMI la interpretación está separada de la traducción, “éste es el único organismo internacional en donde los intérpretes también traducen. Si interpretas una sesión de dos horas en la mañana, las otras 6 horas hábiles las tienes que pasar traduciendo”.

Habiendo sido contratado únicamente como traductor y, ya que los traductores no interpretaban, Roberto hubo de esperar algunos años para poder interpretar: “Finalmente comenzaron a cambiar los reglamentos y me empezaban a llamar para bomberazos dentro del mismo Fondo e hice un par de reuniones prestado al Banco Mundial”. Sin duda, la espera y la perseverancia rindieron frutos.

Fue así que Roberto decidió hacer un career stream o cambio de orientación de carrera, gracias a lo cual dejó de ser únicamente traductor para convertirse en intérprete-traductor y “en poco tiempo, terminé siendo Senior Interpreter-Translator, lo cual significaba que seguía traduciendo e interpretaba, pero tenía prioridad la interpretación”.

De esta forma, Roberto pasó 18 años y medio en Washington hasta que empezaron los recortes presupuestales y el FMI decidió que era mucho más barato subcontratar traductores en lugar de tener que pagar los sueldos y prestaciones a sus traductores de planta, así como otros gastos fijos (oficinas, apoyo técnico, luz).

A sus 58 años, a Roberto le ofrecieron un paquete de jubilación completa sin la necesidad de esperar hasta los 65 años, aceptó la oferta y decidió volver a México en el 2007.

Cuenta que de inmediato se reconectó con el medio de la interpretación en México, en 2008 y en 2009 fungió como Tesorero del CMIC y, a la fecha, también mantiene sus contactos con el FMI, el Banco Mundial y el BID, por lo que continúa trabajando como traductor e intérprete de organismos internacionales.

Pregunté a Roberto si consideraba que la interpretación y la traducción se complementan, a lo cual respondió afirmativamente: “Estoy convencido de ello. Traducir te permite incorporar nuevas palabras a tu léxico. Para pulir una traducción, empiezas a buscar palabras y frases, mejoras tu español y eso te sirve cuando interpretas porque te da esa agilidad de encontrar la palabra que buscas”.

En relación con el mercado extranjero, Roberto señala que en Washington “el mercado está dado principalmente por los organismos internacionales: la OPS, el BID, la OEA, el Banco Mundial, el FMI. Ahí generalmente tienen un mínimo personal de planta y tienen un grupo bastante selecto de gente que ha tomado todos los exámenes y que se turna en los eventos de los organismos”, a diferencia de la Unión Europea, “donde cuentan con un mayor número de intérpretes de planta y una lista de freelancers certificados y avalados porque ahí tienen muchas sesiones todos los días”.

En cuanto al mercado mexicano, Roberto afirma que “la gran mayoría somos freelancers y muy pocos trabajan de planta. Aquí nos contratan por medio de agencias, situación que no sucede en los EE UU porque los organismos contratan directamente después de haber visto tu CV y haber presentado exámenes con sinodales. No es tan fácil ser freelance en un organismo internacional. Cada organismo fija su tarifa de interpretación, que oscila entre los USD $450 y 700”.

Sobre los mitos en torno a nuestra profesión, Roberto apunta que la gente “nos ve como prima donnas y nosotros nos vemos también como prima donnas, por eso no sé si sea realmente un mito. El otro mito es que cualquier persona que haya estudiado un poco de inglés en la secundaria o que haya estado 15 días en Laredo puede ser intérprete”.

Para ser un buen intérprete, Roberto enfatiza que “hay que conocer muy bien los idiomas de trabajo A, B y C, tener mucha preparación cultural, formación práctica en alguna institución acreditada y actualización con regularidad”.

En cuanto a cómo se prepara para una interpretación como freelancer, Roberto subraya: “Siempre insisto en que me den el material sobre la conferencia y si no lo tienen, que me den un sitio web para ver qué hace esa compañía, qué productos fabrica (…) Si llego a la conferencia, vuelvo a pedir el material que se va a manejar en la conferencia, las ponencias y, sobre todo, si las leen les pido encarecidamente que me las den. El problema que tenemos en México es que muchas agencias no quieren molestar al cliente o molestarse ellas en pedir el material, pero en general el cliente no se molesta al solicitarle material (…) En ocasiones, al cliente le llegan las ponencias a medida que van llegando los ponentes, entonces le das una memoria USB, las cargas en tu computadora y mientras tu colega trabaja, tú preparas la siguiente ponencia, siempre tratas de buscar alguien bilingüe entre los coordinadores o alguien que te pueda resolver dudas de terminología o de siglas porque no puedes sabértelo todo de todas las conferencias”.

Hablando de conseguir el material para una interpretación, Roberto recordó una anécdota que le sucedió con Marcela Rodríguez: “Trabajábamos para una empresa que nunca nos decía el tema y, un día, nos dijeron que el tema era la malta. En esa época, tomamos la Enciclopedia Británica y alguna enciclopedia en español y buscamos “malta”. Sacamos todas las palabras que nos podían salir y que no sabíamos, hicimos un glosario enorme sobre los lúpulos, las bacterias para la fermentación; era un listado enorme que pegamos en los costados de la cabina. De repente, entró al salón un grupo de personas con batas grises que, al subir al presidium, dijeron: “Alabado sea Dios, los Caballeros de la Real y Soberana Orden de Malta les dan la bienvenida” y empezaron rezando el Ave María. Entonces a Marcela Rodríguez le dio un ataque de risa y comenzó a despegar todas las notas con los nombres de los bichos de la fermentación de la cerveza”.

Sobre qué le ha dejado la interpretación, Roberto respondió: “

[Me ha dejado] una gran cultura, acceso a montones de viajes, lugares interesantísimos, excelentes amigos, una vida financiera cómoda y mucha satisfacción personal porque cada vez que abre la boca un orador no sabes qué va a decir ni cómo va a decirlo, entonces constantemente estás superando retos y saliendo adelante y empezando la siguiente conferencia con la incertidumbre de no saber cómo será. Es una constante autosuperación para ir venciendo obstáculos. Además, son muy pocos los intérpretes que padecen Alzheimer porque esas conexiones neuronales y sinápticas que tenemos en el cerebro y que necesitamos para poder manejar dos idiomas a la vez, parece que retardan o inhiben la aparición del Alzheimer”.

Roberto Donadi

Roberto aconseja a los noveles intérpretes que “incrementen su cultura leyendo, que se preparen mucho antes de cada conferencia y que le sigan dando porque es una profesión muy gratificante”.

Y así fue cómo allá por la década de los setenta Roberto Donadi inició un viaje cuyo punto de partida fue Argentina. Tal vez ni él mismo imaginó que ese periplo lo conduciría hasta su medio de vida: la interpretación y la traducción.

©Copyright Ana Cecilia Alduenda Peña. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción parcial y total sin autorización previa.

2017-06-16T21:07:13+00:00 November 5th, 2013|Posts|0 Comments

Laura Zocchi: la interpretación consecutiva, cimientos de la interpretación

Escrito por Ana Cecilia Alduenda Peña

Laura Zocchi con los Presidentes Jose López Portillo de México y Sandro Pertini de Italia (marzo, 1981)

El pasado 10 de junio de 2013 tuve la oportunidad de entrevistar a Laura Zocchi —intérprete, profesora y miembro fundador del Colegio Mexicano de Intérpretes, A. C.—, egresada de la Escuela Superior de Intérpretes y Traductores de Milán, Italia.

Laura es autora del “Manual de Interpretación Consecutiva”, sin duda una obra que marca un antes y un después en la enseñanza y en el aprendizaje de esta modalidad de interpretación.

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De acuerdo con Laura, “la interpretación consecutiva constituye los cimientos de la interpretación: te lleva exactamente a INTERPRETAR IDEAS puesto que te enseña a escuchar la idea completa y luego a tomar la nota, la nota no se debe tomar antes. Tienes que oír algo completo que tenga sentido y luego anotarlo”

En su experiencia como docente de consecutiva, comentó que al principio sus alumnos “deben escribir mucho y acostumbrarse a poner el conector, el sujeto, el verbo y el complemento en su toma escalonada de notas; el verbo es el elemento central”.

Su método de enseñanza, basado en el método van Hoof que aprendió en su natal Milán, consiste primero en el uso de textos cortos para que los alumnos anoten solo los verbos, así como de tarjetas con símbolos para reforzar el aprendizaje de los mismos.

Laura enfatizó que la interpretación consecutiva implica una serie de pasos, a saber:
1. Comprender la idea.
2. Abstraerla, pero sin quitar lo que es importante.
3. Sintetizarla.
4. Tomar la decisión de cómo emitir el mensaje.

Existen dos tipos de interpretación consecutiva: la corta y la larga. En cuanto a la primera, Laura afirma que “es rápida y puede incluir sesión de preguntas y respuestas”, en el caso de la segunda, “es necesario encontrar las ideas principales y las secundarias mediante la síntesis. Hay muchos intérpretes que se saltan las ideas secundarias. Te puede pasar una vez, pero no siempre”.

En relación con el tono empleado por el orador, Laura afirma que hay que “plasmarlo de manera clara y sencilla, esto es, ser el espejo del orador. “Te puedes imaginar que estás viendo al orador manotear, enojado (…) Si la voz del intérprete es plana, como que no te checa lo que oyes”, afirma Laura.

Pregunté a Laura si recordaba algún evento que la hubiese marcado en particular y ella me contestó que, hace algunos años, durante la inauguración de las nuevas instalaciones de la Fundación John Langdon Down para niños con síndrome de Down, un italiano —con mucha elocuencia— señaló que estos niños eran un Ferrari con doble bujía. “Cuando yo empecé a transmitir la consecutiva, se me llenaron los ojos de lágrimas. Me tuve que callar porque no me salían las palabras. Me tuve que ir y dejar el micrófono e irme unos cuantos pasos fuera de la vista del público para controlarme (…) Además, para empeorar la situación, subió una niña Down a darme un abrazo y decirme: ‘No llores’. Tardé como 15 minutos en encontrar mi compostura. Aquella vez fue increíble”. Laura añade que es humano sentir las emociones transmitidas al interpretar, pero no debería tomar más de 15 minutos volver a empezar.

Recalca que todos pueden hacer una consecutiva, si bien algunos mejor que otros: “Estoy convencida de que los que dicen que no pueden, no están concentrados. La mitad de la concentración radica en decirse a uno mismo: no voy a poder, va a estar difícil, voy a hacer el ridículo”.

En lo referente al léxico, Laura resalta que en sus clases utiliza sus tarjetas para instar a sus alumnos a encontrar sinónimos y antónimos y, con ello, aumentar su vocabulario.

 

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A pregunta expresa sobre los mitos en torno a nuestra profesión, en lugar de responder al instante, Laura buscó entre sus gavetas su horario de clases: una imagen (o dos) vale más que mil palabras.

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Como se puede observar aquí, su agenda estaba colmada de lunes a sábado. Así es, un intérprete requiere formación antes y durante toda su carrera, y siempre debe estar a la búsqueda de la actualización y la superación constantes.

Entre las materias que Laura cursó durante su carrera estaban “clases de mecanografía, pues para sacar la Licenciatura en Traducción había que teclear 165 palabras por minuto, y en máquina de las antiguas, había que hacer cuentas para centrar los títulos. Teníamos clases de Documentos Técnicos, es decir, Derecho Público, Privado y Mercantil; Economía, Protocolo, Logopedia, Lengua…”. Al observar su horario, Laura recordó que “casi no les daban teoría porque se enfocaban en la práctica. Practicando es como te haces intérprete”.

En palabras de Laura, un buen intérprete requiere buena memoria, facilidad de expresión, manejo de los idiomas de trabajo, riqueza de vocabulario, agilidad mental, cultura general y preparación.

Antes de dar por terminada la entrevista, pedí a Laura si podía darles un mensaje a aquellos que están dando sus pininos como intérpretes, a lo cual accedió diciendo que “nadie los puede derrotar más que ellos mismos. Nadie derrota a alguien que se levanta y lo intenta una vez más”.

Sosteniendo su Manual de Consecutiva, Laura concluye la entrevista con el siguiente mensaje: “Deseo poder hablar con los maestros de consecutiva, darles tips, darles una idea… no decirles cómo dar sus clases. Lo único que me interesa es que esto

[su conocimiento] no se quede en un cajón. No sé cuánto tiempo más mi voz se vaya a sostener (…) Esto son años de experiencia.”

 

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Laura Zocchi, un hito de la interpretación en México, la “maestra de hierro” y me atrevo a decir que también una “mujer de hierro”. Me llevo conmigo sus palabras y enseñanzas, así como mi Manual de Consecutiva autografiado que a la letra dice: “La confianza en uno mismo significa éxito”.

Salgo de esta entrevista enriquecida, conmovida y sumamente agradecida: estas dos horas fueron un diálogo y un intercambio de ideas en donde corroboré, una vez más, que el aprendizaje es una vía de ida y vuelta.

©Copyright Ana Cecilia Alduenda Peña.  Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción parcial y total sin autorización previa.

2017-06-16T21:07:14+00:00 August 3rd, 2013|Posts|4 Comments