Mercedes Martínez: “Construir una buena reputación lleva tiempo y esfuerzo, destruirla lleva 5 minutos cuando mucho”.

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Escrito por Ana Cecilia Alduenda Peña

Mercedes Martínez, intérprete y traductora mexicana, miembro fundador y tesorera del CMIC por algún tiempo, así como miembro de AIIC durante 20 años, y quien hasta fechas recientes fungía como Jefa de Intérpretes de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual  (OMPI) con sede en Ginebra, concedió una entrevista vía correo electrónico en la que relata cómo llegó hasta ahí.

En palabras de Mercedes, su arribo al mundo de la traducción/interpretación fue de chiripa: “Leí un artículo sobre la profesión en un ejemplar de Selecciones que me pareció muy interesante; posteriormente, terceros me pusieron en contacto con Guido Gómez q.e.p.d., quien muy amablemente me invitó a su casa y, en frío y sin más preámbulos, me dio las versiones en inglés, francés y español de la Carta de las Naciones Unidas y me pidió que hiciera traducción a la vista.  No sé si estuvo mal o muy mal, pero al final me dijo que por supuesto tenía que mejorar los idiomas pero que tenía madera para la profesión”.

“Pasaron algunos años, no recuerdo cuántos, hasta que llegué al Instituto de Intérpretes y Traductores (no era Superior en aquella época) y cursé los tres años hasta obtener el diploma de Técnico Traductor Intérprete.  ¡Formación formal terminada!”. Señala que “la formación es muy importante, pero igualmente lo es lo que yo llamaría la pre-formación, es decir una muy robusta base lingüística, cultura general realmente sólida y curiosidad desarrollada por todo lo que pasa en el mundo”.

Mercedes resalta que es imperioso “prestar atención al trabajo, preparar bien los eventos, no creer que porque ya hicimos eso varias veces nos lo sabemos mejor que los oradores, aun si algunas veces podría ser cierto y nunca pensar que eso es pan comido.  Un profesor que muchos de nosotros tuvimos, Alfredo Mora q.e.p.d., una vez me dijo que el día que comenzara una sesión de interpretación sin sentirme un poco estresada, sería el primer día del fin de una carrera bien llevada. Si se van a añadir idiomas, no hacerlo hasta estar seguro de realmente dominarlos en su forma pasiva y/o activa porque no hay nada peor que una mala interpretación debida a una preparación/comprensión insuficiente del texto.  Construir una buena reputación lleva tiempo y esfuerzo, destruirla lleva 5 minutos cuando mucho”.

Asimismo, explica que llegó a la OMPI a través de la traducción: “Estando en Ginebra a la búsqueda de un trabajo, chamba o lo que fuera, salió a concurso un puesto de traductor en la Sección Española que obtuve tras varias pruebas.  Trabajé como traductora unos 10 años, durante los cuales mi único contacto con la interpretación eran las reuniones esporádicas del personal durante las que interpretaba pro bono y trataba de mantenerme con eso, no por el sueldo ya que en el sistema, si tienes un sueldo, cualquier trabajo extra no se paga extra, pero interpretaba para no perder práctica.  Por razones fortuitas, se presentó la oportunidad de cambiar de sector y de crear el servicio de interpretación de la OMPI.  Hasta ese momento se trabajaba con intérpretes independientes incluido el Jefe de Intérpretes, y la coordinadora administrativa no era intérprete. De ahí fui apuntalando el servicio de interpretación, luego de unos años me nombraron Jefa de Intérpretes, y hasta hoy, el puesto sigue siendo el único que tiene una verdadera intérprete a la cabeza.  En prácticamente todas las organizaciones del sistema los jefes siempre son intérpretes, pero en realidad no hay nada que obligue a eso, salvo la lógica”.

En cuanto a la interpretación en el contexto europeo, afirma que en realidad existen dos mundos: el sistema de organismos internacionales y el mercado privado: “El privado tiene tarifas más elevadas, pero no conoce eso de horarios definidos, ni sesiones limitadas ni «ya es hora de terminar, hasta aquí llega la interpretación», creo que se parece mucho al mundo de México; el tabulador de sueldos tal vez sea algo diferente”.

Mercedes explica que “el sistema de los organismos internacionales está regido por las normas de la AIIC en su Convención o acuerdo contractual con los organismos internacionales de Naciones Unidas que se pueden consultar en el sitio www.AIIC.net.  La ONU y compañía son el conjunto de las burocracias del mundo que la componen (en la OMPI hay 189 países miembros y sus correspondientes burocracias).  Imaginarlo puede ponerles la piel de gallina, pero al mismo tiempo es muy interesante pues es un punto de encuentro de muchas culturas, se puede aprender mucho y se debe sobre todo aprender a tolerar las diferentes idiosincrasias y estilos, si bien eso es lo que lo hace interesante y cansado”.

En cuanto a condiciones de trabajo, ahonda en que “cada organización tiene sus reglas correspondientes; en la ONU los intérpretes onusianos trabajan siete sesiones (cada una de un máximo de 3 horas) por semana, esto es, tres día y medio, en la OMPI la Jefa trabaja 10 sesiones. No obstante, siguiendo las reglas AIIC, los intérpretes trabajan un máximo de ocho sesiones por semana en el caso de contratos de 5 días (visto así, cobran 5 días, ¡trabajan 4!).  Los sueldos están fijados en el acuerdo AIIC-ONU y no están sujetos a cambio, salvo en la renegociación del acuerdo.  Los jefes de intérpretes de casi todas las organizaciones tienen grados P5 o superior, lo cual les concede estatus diplomático en Ginebra. Las cabinas son fijas, es decir, están incorporadas a las salas de conferencias de las diferentes organizaciones, y deben cumplir con las normas ISO que define AIIC, y si no es así, los intérpretes se encargan de las negociaciones para que así sea, ya que es un servicio necesario —política y lingüísticamente— que no puede ignorarse y de hecho en muchos casos es la parte más cara de una reunión.

El retiro/jubilación de un funcionario internacional (Jefe de Intérpretes e intérpretes de planta si los hay) está definido por las reglas de la organización, que pueden variar ligeramente entre sí, pero en general están establecidas en el manual administrativo de cada organización.  Si se desea consultar más información acerca de aspectos de contratación, empleo y retiro o jubilación, Mercedes recomienda visitar las páginas web de las organizaciones, ya que prácticamente todas ellas están en los seis idiomas oficiales de la ONU.

Como se mencionó al inicio de esta entrevista, Mercedes fue Jefa de Intérpretes de la OMPI y ahora es una feliz jubilada que sigue trabajando como intérprete independiente algunos días al año, pero bajo las órdenes de su sucesora. “El trabajo ha evolucionado estos últimos años, pero sigue siendo en buena parte administrativo; esto es, por una parte presupuestos, búsqueda de los intérpretes adecuados por su disponibilidad y combinación lingüística, contratos, confirmación de servicios, etc.,  y, por otra, interpretación-coordinación para elaborar los programas de las sesiones, colocar a los intérpretes en las sesiones correspondientes, asegurarse de tener cubiertos todos los idiomas necesarios en todas las combinaciones, no asignar más sesiones que las debidas, atender las peticiones específicas de tiempo libre que puede tener cada intérprete, así como asegurarse de que los organizadores de la reunión terminen a tiempo, que soliciten sesiones extra con suficiente anticipación, y que los grupos regionales estén debidamente atendidos respecto a sus necesidades de interpretación.  Pequeña aclaración: en la OMPI existe el GRULAC – Grupo de Países de América Latina y el Caribe que requiere interpretación inglés-español, el Grupo Africano, que requiere inglés- francés, el Grupo B (Unión Europea, EE.UU., Canadá, Japón, Nueva Zelandia, Australia) que puede solicitar inglés-francés, el Grupo Asiático donde solo se emplea el inglés, Países Árabes —todo en árabe o inglés, etc.   A esto lo denomino hacer un Sudoku, pues todos los recuadros deben quedar llenos, sin repetirse ni confundirse.  No es una tarea fácil y en muchas organizaciones se tienen programas informáticos para hacerlo, en la OMPI aún no y es la Jefa de Intérpretes quien lo debe hacer”.

Ya para concluir, Mercedes aconseja a los jóvenes intérpretes no desmoralizarse, ya que es una profesión que requiere tiempo para madurar, no robar fuentes, ser honestos con nosotros mismos y con los compañeros, no dar puñaladas traperas y, por encima de todo, disfrutar lo que hacemos: “Aunque se cansen durante una jornada, espero que regresen a casa contentos por la labor realizada”.

Sala de reuniones de la OMPI en Ginebra Foto tomada desde las cabinas de Interpretación, cortesía de Mercedes Martínez.

®Copyright Ana Cecilia Alduenda Peña. Prohibida su reproducción parcial o total sin autorización expresa por escrito.
2017-06-16T21:07:11+00:00 January 28th, 2017|Posts|1 Comment

One Comment

  1. Tere Guzmán 30/01/2017 at 5:19 pm - Reply

    ¡Felicidades! ¡Me gustó ver que los principios éticos fundamentales como el trabajo en tus lenguas, respeto a las fuentes de trabajo y a los compañeros, y el compromiso con la profesión son universales!

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