Roberto Donadi: “La interpretación y la traducción se complementan”

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Escrito por Ana Cecilia Alduenda Peña

El 4 de julio de 2013, tocó el turno de entrevistar a Roberto Donadi, intérprete y traductor sénior del FMI. Roberto nació en Argentina donde comenzó a estudiar Química y luego continuó con Sociología en la Universidad de Buenos Aires que fue clausurada por la dictadura militar en 1972.
A los 20 años y con sus ahorros como ayudante de cocina de un barco japonés, emprendió una travesía que lo llevaría a recorrer Latinoamérica y a desempeñar variados trabajos: “En Costa Rica hice teatro (…), en Honduras trabajé de hippie fabricando bolsas, chanclas y aretes”.

Roberto relata que en Honduras conoció a una boliviana que era maestra de inglés en la Ciudad de México. Intercambiaron teléfonos y fue así que en 1974, tras cinco años de viaje, Roberto llegó a la Ciudad de México en donde impartió clases de inglés y decidió estudiar la carrera de traducción e interpretación.

“Primero pensé en estudiar traducción porque me encantaba la literatura, mecanografiaba rápido, manejaba los dos idiomas, pero también podías elegir traducción e interpretación. Yo no sabía lo que era la interpretación en esa época (…) me explicaron en qué consistía y dije: ‘Esto es imposible’”.

Roberto decidió intentarlo y recuerda que en las primeras clases les “ponían cintas imposiblemente rápidas de noticieros de Naciones Unidas. Ahorita no sé si podría interpretarlas”. A la vez descubrió que tenía grandes dotes para la interpretación consecutiva y fue así que se “encariñó con la interpretación”.

A finales de la década de los setenta, la Ciudad de México era una sede muy popular para albergar conferencias y existía una gran demanda y poca oferta de interpretación inglés-español. Roberto, junto con Ana Luisa González e Ignacio Barrientos, fundaron su propia agencia, en la cual trabajó durante 15 años hasta que vio en el periódico un anuncio de una vacante para trabajar como traductor durante dos años en el FMI con sede en Washington.

Roberto presentó su CV, hizo el examen correspondiente y, al cabo de unos días, le notificaron que había sido preseleccionado, viajó a Washington para ser entrevistado y, finalmente, resultó seleccionado. Resalta que, si bien en el FMI la interpretación está separada de la traducción, “éste es el único organismo internacional en donde los intérpretes también traducen. Si interpretas una sesión de dos horas en la mañana, las otras 6 horas hábiles las tienes que pasar traduciendo”.

Habiendo sido contratado únicamente como traductor y, ya que los traductores no interpretaban, Roberto hubo de esperar algunos años para poder interpretar: “Finalmente comenzaron a cambiar los reglamentos y me empezaban a llamar para bomberazos dentro del mismo Fondo e hice un par de reuniones prestado al Banco Mundial”. Sin duda, la espera y la perseverancia rindieron frutos.

Fue así que Roberto decidió hacer un career stream o cambio de orientación de carrera, gracias a lo cual dejó de ser únicamente traductor para convertirse en intérprete-traductor y “en poco tiempo, terminé siendo Senior Interpreter-Translator, lo cual significaba que seguía traduciendo e interpretaba, pero tenía prioridad la interpretación”.

De esta forma, Roberto pasó 18 años y medio en Washington hasta que empezaron los recortes presupuestales y el FMI decidió que era mucho más barato subcontratar traductores en lugar de tener que pagar los sueldos y prestaciones a sus traductores de planta, así como otros gastos fijos (oficinas, apoyo técnico, luz).

A sus 58 años, a Roberto le ofrecieron un paquete de jubilación completa sin la necesidad de esperar hasta los 65 años, aceptó la oferta y decidió volver a México en el 2007.

Cuenta que de inmediato se reconectó con el medio de la interpretación en México, en 2008 y en 2009 fungió como Tesorero del CMIC y, a la fecha, también mantiene sus contactos con el FMI, el Banco Mundial y el BID, por lo que continúa trabajando como traductor e intérprete de organismos internacionales.

Pregunté a Roberto si consideraba que la interpretación y la traducción se complementan, a lo cual respondió afirmativamente: “Estoy convencido de ello. Traducir te permite incorporar nuevas palabras a tu léxico. Para pulir una traducción, empiezas a buscar palabras y frases, mejoras tu español y eso te sirve cuando interpretas porque te da esa agilidad de encontrar la palabra que buscas”.

En relación con el mercado extranjero, Roberto señala que en Washington “el mercado está dado principalmente por los organismos internacionales: la OPS, el BID, la OEA, el Banco Mundial, el FMI. Ahí generalmente tienen un mínimo personal de planta y tienen un grupo bastante selecto de gente que ha tomado todos los exámenes y que se turna en los eventos de los organismos”, a diferencia de la Unión Europea, “donde cuentan con un mayor número de intérpretes de planta y una lista de freelancers certificados y avalados porque ahí tienen muchas sesiones todos los días”.

En cuanto al mercado mexicano, Roberto afirma que “la gran mayoría somos freelancers y muy pocos trabajan de planta. Aquí nos contratan por medio de agencias, situación que no sucede en los EE UU porque los organismos contratan directamente después de haber visto tu CV y haber presentado exámenes con sinodales. No es tan fácil ser freelance en un organismo internacional. Cada organismo fija su tarifa de interpretación, que oscila entre los USD $450 y 700”.

Sobre los mitos en torno a nuestra profesión, Roberto apunta que la gente “nos ve como prima donnas y nosotros nos vemos también como prima donnas, por eso no sé si sea realmente un mito. El otro mito es que cualquier persona que haya estudiado un poco de inglés en la secundaria o que haya estado 15 días en Laredo puede ser intérprete”.

Para ser un buen intérprete, Roberto enfatiza que “hay que conocer muy bien los idiomas de trabajo A, B y C, tener mucha preparación cultural, formación práctica en alguna institución acreditada y actualización con regularidad”.

En cuanto a cómo se prepara para una interpretación como freelancer, Roberto subraya: “Siempre insisto en que me den el material sobre la conferencia y si no lo tienen, que me den un sitio web para ver qué hace esa compañía, qué productos fabrica (…) Si llego a la conferencia, vuelvo a pedir el material que se va a manejar en la conferencia, las ponencias y, sobre todo, si las leen les pido encarecidamente que me las den. El problema que tenemos en México es que muchas agencias no quieren molestar al cliente o molestarse ellas en pedir el material, pero en general el cliente no se molesta al solicitarle material (…) En ocasiones, al cliente le llegan las ponencias a medida que van llegando los ponentes, entonces le das una memoria USB, las cargas en tu computadora y mientras tu colega trabaja, tú preparas la siguiente ponencia, siempre tratas de buscar alguien bilingüe entre los coordinadores o alguien que te pueda resolver dudas de terminología o de siglas porque no puedes sabértelo todo de todas las conferencias”.

Hablando de conseguir el material para una interpretación, Roberto recordó una anécdota que le sucedió con Marcela Rodríguez: “Trabajábamos para una empresa que nunca nos decía el tema y, un día, nos dijeron que el tema era la malta. En esa época, tomamos la Enciclopedia Británica y alguna enciclopedia en español y buscamos “malta”. Sacamos todas las palabras que nos podían salir y que no sabíamos, hicimos un glosario enorme sobre los lúpulos, las bacterias para la fermentación; era un listado enorme que pegamos en los costados de la cabina. De repente, entró al salón un grupo de personas con batas grises que, al subir al presidium, dijeron: “Alabado sea Dios, los Caballeros de la Real y Soberana Orden de Malta les dan la bienvenida” y empezaron rezando el Ave María. Entonces a Marcela Rodríguez le dio un ataque de risa y comenzó a despegar todas las notas con los nombres de los bichos de la fermentación de la cerveza”.

Sobre qué le ha dejado la interpretación, Roberto respondió: “

[Me ha dejado] una gran cultura, acceso a montones de viajes, lugares interesantísimos, excelentes amigos, una vida financiera cómoda y mucha satisfacción personal porque cada vez que abre la boca un orador no sabes qué va a decir ni cómo va a decirlo, entonces constantemente estás superando retos y saliendo adelante y empezando la siguiente conferencia con la incertidumbre de no saber cómo será. Es una constante autosuperación para ir venciendo obstáculos. Además, son muy pocos los intérpretes que padecen Alzheimer porque esas conexiones neuronales y sinápticas que tenemos en el cerebro y que necesitamos para poder manejar dos idiomas a la vez, parece que retardan o inhiben la aparición del Alzheimer”.

Roberto Donadi

Roberto aconseja a los noveles intérpretes que “incrementen su cultura leyendo, que se preparen mucho antes de cada conferencia y que le sigan dando porque es una profesión muy gratificante”.

Y así fue cómo allá por la década de los setenta Roberto Donadi inició un viaje cuyo punto de partida fue Argentina. Tal vez ni él mismo imaginó que ese periplo lo conduciría hasta su medio de vida: la interpretación y la traducción.

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2017-06-16T21:07:13+00:00 November 5th, 2013|Posts|0 Comments

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